La economía mundial continúa mostrando una capacidad de resistencia mayor de la prevista, aunque el crecimiento pierde impulso y aumentan las incertidumbres. La OCDE anticipa una expansión mundial del 2,9% en 2026 y del 3,0% en 2027, en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía, unos tipos de interés elevados y una inflación que está tardando más en moderarse. La inversión asociada a la inteligencia artificial y la solidez de algunas grandes economías actúan, por ahora, como contrapeso.

En Europa, los últimos indicadores apuntan a una mejora gradual de la actividad, particularmente en la industria. El PMI manufacturero de la zona euro se mantiene en terreno expansivo y el BCE ha revisado ligeramente al alza sus previsiones de crecimiento. Sin embargo, el repunte de los precios energéticos vuelve a elevar las expectativas de inflación y retrasa la normalización monetaria.

La economía española mantiene un comportamiento diferencialmente positivo. El PIB avanzó un 0,7% en el segundo trimestre y las previsiones de crecimiento para 2026 se han revisado nuevamente al alza, hasta el entorno del 2,5%. El dinamismo procede sobre todo de la demanda interna, apoyada en el consumo, la inversión y el empleo, mientras el sector exterior resta crecimiento. Al mismo tiempo, el repunte de la inflación (hasta el 4,9% en septiembre) introduce una nueva fuente de preocupación y puede limitar el crecimiento del poder adquisitivo en los próximos meses.

Euskadi mantiene también una trayectoria positiva, aunque algo menos dinámica que el conjunto de España. El PIB vasco creció un 2,3% interanual en el segundo trimestre, dos décimas más de lo estimado inicialmente, con una aportación destacada de la inversión y una mejora de la actividad industrial en términos trimestrales. Bizkaia crece al mismo ritmo que el conjunto de Euskadi. El empleo continúa mostrando fortaleza, aunque el deterioro del saldo exterior y el encarecimiento de la energía recuerdan que el entorno sigue siendo vulnerable.