La economía global afronta una nueva fase de desaceleración, condicionada por el shock geopolítico en Oriente Próximo, el repunte de los precios energéticos y la persistencia de presiones inflacionistas. El Banco Mundial prevé que el crecimiento mundial se modere hasta el 2,5% en 2026, con riesgos todavía sesgados a la baja si se prolongan las tensiones sobre materias primas, comercio y condiciones financieras.

En Europa, el tono sigue siendo débil, aunque con señales algo más favorables en la industria. El PMI manufacturero de la zona euro se mantiene en zona expansiva, con mejora de la producción y moderación de costes, pero la demanda exterior continúa frágil y el crecimiento previsto para 2026 sigue siendo reducido.

España conserva un diferencial positivo de crecimiento frente a sus principales socios europeos, apoyada en el consumo, la inversión y la fortaleza del empleo. El Gobierno ha revisado al alza su previsión de PIB para 2026 hasta el 2,6%, aunque el dato manufacturero de junio introduce una señal de cautela: el PMI cae a 49,7 por menores pedidos, menor producción y presión de precios.

Euskadi mantiene un crecimiento sólido, aunque algo desacelerado: el PIB avanzó un 2,2% interanual en el primer trimestre, sostenido por la demanda interna, los servicios y el empleo. La industria continúa siendo el principal punto débil.

Las previsiones del Gobierno Vasco sitúan el crecimiento en el 1,9% en 2026 y el 1,7% en 2027. El escenario central sigue siendo de resistencia, con creación moderada de empleo y tasa de paro cercana al 6,5%, pero con un saldo exterior negativo y una inflación que retrasa la vuelta a una plena normalización de precios.