El retorno posible: qué haría volver a la juventud vasco-navarra en la diáspora
Trabajo, familia y condiciones de vida: ese es el triángulo que mejor explica el “me quedo” y el “me vuelvo” entre quienes nacieron en Euskadi o Navarra y hoy viven fuera. La movilidad juvenil se ha convertido en una experiencia cada vez más común, y que además, no siempre temporal. Tal y como advierte el Informe sobre la juventud de Euskadi y Navarra en la diaspora de la Fundación Artizarra que versa sobre este complejo asunto, muchas trayectorias “no responden a estancias breves, sino a proyectos prolongados”.
Tal y como observamos en Gráfico de la semana, 500 jóvenes nacidos entre 1985 y 2008 (residentes fuera de la CAV o Navarra y con vínculo identitario o familiar con el territorio) señalan con claridad qué elementos facilitarían el regreso. De entre la lista que se observa, podían seleccionar hasta 3 de ellos. El mensaje que de esta elección se dereiva es nítido: volver solo es una opción si va de la mano de poder construir una vida viable.
El primer motor de retorno es laboral. Un 61,8% afirma que le motivaría una oferta laboral atractiva. Muy cerca aparece el segundo gran empuje, de una naturaleza mucho más relacional y emocional, que no es otro que el reencuentro con la familia o el entorno cercano (60,0%). Por último, completando el podium está la mejora de condiciones laborales incluyendo salario, estabilidad y conciliación, con un 51,8%. De esto podemos inferir que el retorno se torna una posibilidad real cuando la vida personal y laboral se alinean. En este sentido, y citando literalmente el informe, el regreso se entiende como “la combinación de un anclaje laboral sólido… con la recuperación de vínculos personales”.
A partir de ahí, aparecen motivaciones que completan el cuadro ya expuesto: mayor calidad de vida (29,4%), sentimiento de arraigo o identidad (27,1%) y apoyo institucional (18,2%). También, aunque con menor peso, la posibilidad de emprender (11,2%) o factores familiares como la educación o entorno para hijos e hijas (11,2%) aparecen como posibles motivos.
Lo que frena el retorno, sin embargo, también ha de tenerse en cuenta. Tal y como se muestra en otro de los gráficos del informe, el freno número uno son las diferencias salariales con el país o lugar donde se reside actualmente (68,8%). Le sigue la falta de oportunidades en el sector (53,5%). Y, como obstáculos que completan el puzzle, aparecen la inestabilidad o precariedad laboral (27,1%), la dificultad para acceder a la vivienda (26,5%) y la falta de reconocimiento de experiencia o estudios realizados fuera (25,3%). Hay además un freno silencioso pero decisivo constituido por el tener ya la vida establecida fuera (pareja, hijos/as, trabajo, redes), con un 32,9%. Esto ejemplifica como, cuando el proyecto vital ya está armado, el retorno deja de ser un simple volver a casa y pasa a ser una decisión compleja que necesita de certezas.
Estos elementos (que constituyen tanto el push como el pull del retorno a Euskadi y Navarra), se ordenan en el informe en cuatro ejes.
- Laboral y profesional: atraer empleo y buenas condiciones (motor), reducir brecha salarial y mejorar oportunidades sectoriales (freno).
- Económico-material: calidad de vida vs. barrera vivienda.
- Personal/familiar: el tirón del entorno cercano frente a la vida ya hecha fuera.
- Identidad y proyecto vital: arraigo, pertenencia y apoyos que hagan el retorno posible.
Por último, matizar que lo importante ante esta problématica no es solo la creación de oportunidades, sino también el saber hacerlas llegar como mecanismo para evitar el brain drain. Puede ocurrir -y de hecho en cierta medida ocurre- que existan oportunidades de empleo, proyectos, sectores en crecimiento, apoyos… pero que no se estén trasladando con la fuerza necesaria a la gente que está fuera. Es decir, parte del reto puede estar menos en la ausencia total de opciones y más en que esas ofertas sean identificables, creíbles y accesibles desde la diáspora. Eso, como sabemos, exige comunicación y conexión, pasando por el saber “sacar pecho”, contar mejor qué se está haciendo en nuestro territorio y, sobre todo, construir puentes prácticos que ayuden a convertir el interés que se observa que existe (el 50% de los jóvenes de la diáspora ha considerado con frecuencia el regresar a Euskadi o a Navarra) en un paso real.
Cuando se pregunta por medidas concretas que ayudarían a avanzar en este sentido, destacan, principalmente, tres: networking profesional (58,8%), ayudas directas al retorno (53,5%) y apoyo práctico (vivienda, orientación, reconocimiento de trayectoria). Esto resulta coherente con ese posible “punto ciego” comunicativo del que hablabamos.
En conclusión, volver no es nostalgia, sino viabilidad… y también información. El retorno se convierte en una opción real si el empleo acompaña, si la vivienda no bloquea y si las oportunidades se comunican y se conectan bien con la diáspora, que es, sin lugar a dudas, a lo que tenemos que aspirar para seguir siendo territorios de referencia.


Fuente: Fundación Artizarra (Informe sobre juventud en la diáspora).
Publicado por Deusto Business School