Todos tenemos la referencia de lo que es el IPC (Índice de Precios de Consumo), y una idea bastante ajustada de cómo se calcula (en función de la evolución de los precios de un conjunto de bienes de consumo: alimentación, energía…). Por eso, entendemos que los precios de otros productos o servicios se indexen al IPC (por ejemplo, los alquileres).

Mucho menos conocido es el IGC (Índice de Garantía de Competitividad), que desde 2015 propone una tasa alternativa para la revisión de precios, más consistente con la recuperación de competitividad frente a la zona euro que el IPC.

Lo calcula y publica el Instituto Nacional de Estadística cada mes y por eso, esta semana, el Gráfico recoge la evolución mensual de ambos indicadores (IPC e IGC, variación anual en ambos casos). Es evidente que utilizar uno u otro índice para actualizar precios supone un cambio substancial…

NOTA SOBRE LA METODOLOGÍA DE CÁLCULO DEL IGC:

El IGC se calcula restando al Índice de Precios al Consumo Armonizado (IPCA) de la UEM una parte de la pérdida de competitividad acumulada por España desde 1999. Cuando la tasa de variación de este índice se sitúe por debajo de 0 por ciento, se tomará este valor como referencia, lo que equivaldría a la aplicación de la regla de no revisión.

Cuando la tasa de variación de este índice supere el objetivo a medio plazo de inflación anual del Banco Central Europeo (2 por ciento), se tomará este valor como referencia. De esta forma, se asegura que los contratos a los que se aplique este nuevo índice contribuyan a garantizar el mantenimiento de la competitividad de la economía en el medio plazo.